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Thriller

Esclavo de Dios

Por: Darío Lavia

Continúa en cartel la película del venezolano Joel Novoa Schneider.

Como thriller es uno modesto. El realizador, por cuestiones presupuestarias o para evitar sensacionalismo, desaprovecha la oportunidad de ofrecer una secuencia memorable con el episodio de la voladura de la AMIA.

La trama se inicia en el pasado como intento de justificar las motivaciones de los dos protagonistas. El niño Ahmed es testigo de la ejecución de su padre por parte de un terrorista con un reloj de oro. En tanto el niño David es testigo de la muerte de su hermano soldado a causa del atentado suicida de un hombre bomba. Décadas más tarde, Ahmed (Mohammed Alkhaldi) se ha convertido en uno de los más capacitados soldados de Alá al punto que, siendo una "célula dormida", vive como valioso cirujano en Caracas donde, además de emparchar vidas, ha formado una familia. Por su parte, David (Vando Villamil), agente del Mossad que opera en Buenos Aires, está obsesionado con el árbol que vincula jefes con subalternos y sicarios del terrorismo internacional que opera en Latinoamérica. ¿Podrá evitar el atentado? Una notable persecución a través de los techos de una vecindad, el claustrofóbico encierro en el aguantadero de los terroristas, las referencias duales y los contrastes en las vidas de los antagonistas - ambos férreos guerreros por sus ideales y tremendamente religiosos - y varios diálogos con ricas connotaciones socio-políticas ofrecen digno interés para mantener un relato cuyo registro genérico vira sutilmente entre el testimonial y el thriller político, entre la denuncia y el espionaje. En consecuencia, el thriller cinematográficamente modesto cobra una nueva dimensión cuando uno en la sala se percata que el tema siempre irritará sensibilidades de los eternos rivales, lo cual - dependiendo de qué tanta paranoia nos contagiemos de la pantalla - puede significar adrenalina extra ante la idea de un nuevo atentado.