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Estrenos argentinos

Hijos nuestros

Por: Laura Ávila

Llega a nuestra cartelera la ópera prima de Juan Fernández Gebauer y Nicolás Suárez, protagonizada por Carlos Portaluppi. El fútbol y otras oscuras pasiones.

Hugo maneja un taxi. No es de esos conductores dicharacheros, que te chamuyan una vida de falsas proezas mientras atraviesan la ciudad.

A Hugo le pasó algo, alguna vez. Tuvo sus quince minutos de fama en el club de sus amores.

Pero hoy no le gusta hablar de eso. Carga con un mundo de sufrimiento encima,  ilusiones perdidas por ese fugaz momento de brillantez que no sabe cómo recuperar. Está muy gordo. Come y duerme en el sillón de su casa. Las cosas que lo motivan casi no existen. Lo único que mueve su libido, su amor, la sangre por sus venas, son los colores del ciclón.

En algún otro rincón de la ciudad, Silvia lo lleva mejor. Ella sabe también lo que es hacerla día a día, en este caso vendiendo vianditas a kioscos y a particulares. Pero ella no está sola: tiene a su hijo Julián, al que ama.

Con esta sencilla pero fuerte tríada en mente, Nicolás Suárez escribió un entretenido guión, que filmó junto a Juan Fernández Geba. Los dos acoplaron sensibilidades para retratar la vida en la gran ciudad, sus gentes tiernamente desamparadas, sus proyectos de felicidad desviados por las crisis o el desamor, o el infausto destino.

Impecable desde los rubros técnicos (como toda peli argentina de los últimos años), "Hijos nuestros" tiene un estupendo elenco. Carlos Portaluppi la descose con su taxista a punto de estallar. Su mirada, sus gestos, todo lo que se calla, en fin, su excelente trabajo hace que su personaje sea a la vez rechazado y amado, dándole a la película cierta oscuridad y mayor hondura de la que parece tener a simple vista. Ana Katz está encantadora en la piel de Silvia, tan valiente y tan madraza, tan sin resignar ni la juventud, ni la dignidad, ni las ganas de ser feliz.  Valentín Greco se encuentra muy cómodo frente a las cámaras y en su rol de joven promesa seduce y se deja querer.

Germán de Silva brilla -como siempre en cada participación en el cine- como un taxista amigo. A los dos segundos de pantalla te convence de que es un tachero que la vivió todas. Un genio.

Los directores se permiten un paso de surrealismo durante la secuencia de la parroquia: un cura, ¡interpretado por Daniel Hendler! arenga a su rebaño para cantarle loas a San Lorenzo.  Podrían haber resuelto la película con una jugada de pizarrón, pero fueron hasta el fondo, respetando sin violentar a sus personajes.

Les quedó un relato sincero, abierto a finales posibles, con mucho aire para salir pensando del cine.

Recomendada para amantes del cuervo, pero también para el público en general, esta es la historia de un hombre que quiere despertar de su letargo.

Estreno en Buenos Aires: 12 de mayo.