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Estrenos argentinos

El eslabón podrido

Por: Laura Ávila

Humor negro, mandatos quebrados y una impactante atmósfera entre el terror, el gore y la fantasía. Todo esto encierra la tercera -magnífica- película de Valentín Javier Diment.

Lo primero que llama la atención de "El eslabón podrido" es su originalidad. Está narrada como un cuento de hadas monstruoso, con un lenguaje muy particular, un sentido del humor filoso y una falta total de cuidado de que el público entienda o no lo que está pasando.

Este recurso la alivia de los lugares comunes y mantiene en vilo a los espectadores, que se enganchan con el clima muy bien urdido y van construyendo para sí los vínculos entre los personajes, el entorno y las situaciones.

Hay una familia compuesta por Marilú Marini como la madre, Luis Ziembrowski como el hijo bobo y Paula Brasca como la bella hija recién salida de la adolescencia.

Los diálogos, apenas despuntados, narran una situación de tensión. Hay sexo latente en la hija, en el hijo, en la madre, en el pueblo. Hay acciones de maldad desatada entre los vecinos de ese villorrio sin tiempo, que de tan crueles y retorcidas terminan provocando risas.

Todo está buscado, pensado y logrado por el director, que se apoya en un magnífico equipo técnico y artístico. Esa luz (Fernando Marticorena), esa ropa (vestuario de Gabriela González), esa dirección de arte (Sandra Iurcovich), esos colores apagados y sórdidos, esos objetos que así dispuestos cuentan una película paralela, conducen a lograr una trama sólida, truculenta y terriblemente divertida.  El guión, bien planteado, es de Javier Diment, Sebastián Cortés, Germán Val y Martín Blousson, que también se encargó de la edición.

Marilú Marini compone a una vieja bruja, de cuento pero de cuento criollo, campero, una suerte de lechiguana de lengua filosa, inteligente y bicha. Su entrega corporal, sus ademanes, sus gritos y sus gestos hacen que el personaje esté vivo. En ella se sostiene la loca verosimilitud del asunto.

Ziembrowski la descose una vez más, componiendo al pobre Raulo, un ser perdido, excedido por una sobredosis perniciosa de amor. Y la bella Paula Brasca, con su sonrisa y su ductilidad, le da cuerpo al eslabón débil de la cadena, la condenada por su belleza, la generadora del espanto.

El trabajo de dirección de actores, la entrega física de todos, la comodidad que experimentan ante la cámara, es otro de los hallazgos. 

El elenco se completa con el siempre excelente Germán de Silva (es un gusto verlo trabajar), Susana Pampín,  Marta Haller, el propio Javier Diment, Luis Aranosky, Lola Berthet,  Sergio Boris, Pamela Rementería, Luis Herrera, Alberto Uro y Sebastián Mogordoy.

Sangrienta, desenfrenada, "El eslabón podrido" se las arregla para contar, en ese tono único que tiene, la prohibición del incesto, el tedio de la vida pueblerina, la saña, la violencia, y el sin sentido de la vida humana que se empeña en inventarse un dios. ¡Y lo hace muy bien!

Estreno en Buenos Aires: 16 de junio