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Estrenos argentinos

Un paraíso para los malditos

Por: Laura Ávila

Continúa en cartelera, sumándose al circuito alternativo No sólo en cines, la sexta película de Alejandro Montiel.

Marcial es un tipo callado. Sabe mirar, escucha, toma unos mates en silencio. Espera para cumplir con una misión, mientras encubre su verdadero trabajo con un empleo de sereno en un depósito, en pleno conurbano bonaerense.

Marcial sabe matar. Ese secreto lo aleja de la mano de Dios, lo convierte en un descastado. Pero en el barrio hay otros como él. Con esa línea argumental arranca Un paraíso para los malditos. Se trata de una película que reflexiona acerca de la soledad, la familia y el destino. Son temas profundos y difíciles, pero el hallazgo de su director consiste en el formato que encontró para contarlos. Logró una atractiva película de género, un policial dramático, cargado de gran tensión interna, que gira y cambia el panorama del relato tornándolo cada vez más interesante.

El desarrollo de la historia pasa por el crecimiento de las relaciones entre sus personajes. Marcial aprende a no estar solo. Lo acompañan una madre soltera, Miriam, que viene de sufrir violencia doméstica, su hijita Malena y un viejo atacado de demencia senil que por momentos lo confunde con su hijo.

Este personaje, el último del gran actor Alejandro Urdapilleta, tiene una vida interior, una ternura tan cruel como retorcida, que termina de poner la película en un nivel superior. Hay que festejar esta intervención de un intérprete genial.

Marcial está compuesto por Joaquín Furriel, que sorprende con su actuación, trabajada desde la gestualidad y el movimiento. Está muy efectivo así, con sus grandes ojos verdes y su inescrutable pensamiento. El director recurre al aspecto físico del actor, lo muestra como un baluarte visual para construir la historia, logrando un verdadero cine de acción. Miriam está magníficamente interpretada por Maricel Álvarez, muy cómoda y comunicativa en su rol.

Esta suerte de thriller criollo es el que mejor le queda a Alejandro Montiel, que ya probó con el camino de la comedia (hizo Extraños en la noche con Diego torres y Julieta Zylberberg). Hay algo en su forma de filmar que recuerda a las películas clásicas argentinas. Se atreve a cambiar de género como hacían Manuel Romero y Lucas Demare, con la confiada seguridad del que ama su trabajo.

Un paraíso para los malditos tiene también un aire de western a lo Juan Moreira. Marcial es ese gaucho eterno, matrero y fugitivo, que de repente encuentra un remanso en donde aquerenciarse antes de afrontar su destino final. Tan borgeano, tan solo.

Y como aditamento final, el trabajo de guión es muy preciso. Se dice lo justo y se sugiere un mundo. Está muy bien construido con esos hiatos de elocuente silencio que dejan respirar la historia, sin contarlo todo de manera explícita. Recomiendo la película para cerrar un 2013 con muchos estrenos nacionales y para esperar un año nuevo con mucho más cine argentino.

 

 

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