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En cartel

Por siempre amigos

Por: Soledad Castro Lazaroff

Un estreno de cine independiente estadounidense que en su extraña sutileza nos acerca una de las historias mejor contadas y más conmovedoras del año.

Hace 25 años que el director Ira Sachs hace películas independientes basadas muchas veces en sus experiencias personales; todas resultan extrañamente poderosas por su peculiar autenticidad para retratar la intimidad de los conflictos humanos. Su método de escritura y dirección logra dar vida a personajes ambiguos cuyas conductas interpelan al espectador, donde no hay héroes ni antihéroes sino un montón de personas enfrentándose a los conflictos y  frustraciones que implica cada día el simple hecho de vivir.

La complejidad de su cine no radica en buscar formas aleatorias o deshilachadas de narrar; de hecho en sus películas pasan cosas todo el tiempo y el ritmo es un elemento fundamental. La precisión en su manejo de los mecanismos narrativos ha hecho que actores de gran talla quieran trabajar con él, y logren de su mano papeles memorables. Es el caso de Little Men, traducida de modo muy desafortunado como Por siempre amigos, donde el talentoso Greg Kinnear (mágico padre disfuncional de la Pequeña Miss Sunshine de la dupla Dayton-Faris) vuelve a dar vida a un padre de familia que luego de la muerte de su padre se muda a Brooklyn con su esposa y con Jake, su tímido hijo adolescente. En el nuevo barrio Jake conoce a Tony, que vive abajo junto con su madre, que tiene allí una mercería desde hace muchos años.

La película cuenta de forma magistral el proceso de seducción mutua hacia la amistad que atraviesan dos pibes tan diferentes, cada uno con su personalidad. Se detiene en los detalles, se toma el tiempo para dejarnos ver esos pequeños momentos que vuelven a los vínculos memorables sin forzar jamás nuestra identificación y contemplando con riguroso respeto los rituales de las nuevas generaciones.

El conflicto aparece cuando los padres de Jake necesitan cobrar más a la madre de Tony por el alquiler de la mercería y ella se niega a pagar el aumento. A pesar de los esfuerzos que hacen Jake y Tony por evitarlos, los problemas de los adultos interfieren en su vínculo de modo directo y ponen en juego problemas de clase, modos de interpretar la moral, formas de llevar adelante la paternidad y sobre todo la afección del contexto social en el universo de lo privado, pero no de un modo petrificado y estereotípico sino con una elegancia y un sistema de construcción de la verosimilitud (el modo paulatino en que las presiones se acentúan, el registro del paso del tiempo, la actuación impresionante de los pibes, la develación paródica de ciertos mecanismos de la propia ficción, el cuidado fotográfico y semántico de cada encuadre) que hacen de esta película un acontecimiento que nos transforma.

No hubo ni habrá muchos estrenos como este durante el año, donde uno pueda darse cita con el cine como modo de vincularse con la lucidez reveladora de un pensamiento revolucionario disruptivo y pesimista, pero que no renuncia jamás a la mirada del amor. 

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