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Comedia dramática

La terquedad

Por: Laura Ávila

Con un elenco soberbio y una realización impecable, la puesta de Rafael Spregelburd completa su serie de La mesa de los pecados capitales.

Cierto comienzo casoniano, de amable confusión, reina en el primer cuadro: hombres vestidos con pieles, un miliciano de la guardia,  las mentas de una niña que se ha vuelto loca, un cura, un comisario. Estamos en Valencia, durante la guerra civil española.

La terquedad, sin embargo, no se detiene en peripecias históricas. O quizás sí, pero en cuanto a lo que establecemos como el comienzo de la Historia, que es cuando surge la palabra.

El comisario escribe el diccionario de un lenguaje que ha inventado. Su hija la loca lo ayuda soñando el vocabulario. Alrededor, el mundo combate su última guerra de ideales, y ni los poetas ni los revolucionarios se la quieren perder.

Con pasos de comedia que se van espesando hasta terminar en una escena terrible, actual, Rafael Spregelburd  nos pinta la aldea. Un panorama de violencia que crecerá con el siglo, que devendrá en tecnologías de la incomunicación, que se olvidará del alma. Dios (su invocación humanitaria) quedará como una presencia apenas evocada en el lenguaje, como la poesía, como la lucha, como la palabra 'proletario'.

La fiesta será a puertas cerradas, para que los desposeídos la miren desde afuera.

El elenco de La terquedad, multitudinario, alcanza un poder colectivo sin fisuras: Analía Couceyro, Pilar Gamboa (estupendas), Andrea Garrote, Diego Velázquez, el propio Spregelburd; Paloma Contreras, Javier Drolas, Santiago Gobernori, Guido Losantos, Mónica Raiola, Lalo Rotavería, Pablo Seijo, Alberto Suárez.

La escenografía es móvil y funciona a la vez como marco de la acción y como generador de pequeños déjà vu, que son otros de los condimentos de esta pieza compleja, estimulante y verdaderamente hermosa.

 

Teatro Nacional Cervantes

Libertad 815. Tel: 4816-4224. De jueves a domingos a las 20. www.teatrocervantes.gob.ar