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Jorobado, el encierro de un cornudo

Por: Walter Bergonzi

Una joya que no hay que dejar de ver, aquí se encuentran distintos ítems que la hacen maravillosa.

 

La belleza del recinto donde se lleva a cabo este trabajo hace que la mirada de los visitantes se focalicen en la antigua boiserie que cubre las paredes, de lo que fue otrora una mansión capitalina.

Pero de pronto, se abre un portal temporal y en el espacio solo hay un pequeñísimo escenario donde se produce la magia del teatro, solo es eso.

Con muy pocos recursos escenográficos, muy bien capitalizados, se conforma un sitio, quizás una cárcel o un rincón de la mente donde un hombre se apresa a sí mismo; allí se narra una versión libre del cuento El jorobadito de Roberto Arlt.

Cuando un texto es de calidad, funciona en la mente del lector como disparador de escenas que difícilmente se puedan superar en la realidad.

Esta es una excepción: la dirección de Jorge Diez toma decisiones de puesta en escena que en sí funcionan como un sinfín de disparadores, que vuelven a conformar una versión del drama del asesino de El jorobadito en la mente de los espectadores. Más allá de lo que ocurre en escena, lo completa.

El recurso extraordinario que posee este objeto de arte, es la interpretación de Claudio Pazos, que se desliza sagazmente por el escenario mientras entrega una clase magistral de actuación. Su voz hipnotiza a los presentes y los lleva a las épocas en que la sociedad tenía esas características y prejuicios, a la vez que mantiene presente los miedos masculinos que han sido la oscuridad en todos los tiempos de la historia de la humanidad. Pazos, además de intérprete, es el creador de la dramaturgia o adaptación de este cuento a la versión teatral, imperdible. 

El Tinglado Teatro.

El Tinglado Teatro. Mario Bravo 948.  Lunes y martes a las 17.