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Policial

El Ángel

Por: Guadalupe Cuenca

Con un arranque muy fuerte en las taquillas, continúa en cartelera el film de Luis Ortega.

En esta película hay mucha música de la buena. Hay tiros, hay una retorcida inocencia que busca la pureza del mal. Estamos hablando de El Ángel, el film del momento.

Pero los que vayan buscando una reconstrucción documental del asesino más famoso de nuestra historia no la van a encontrar. Esta es la versión de Luis Ortega de la vida de Puch. Un relato estilizado, subjetivo, que le agrega una faceta nueva al cine argentino mainstream: un espacio para la poesía.

Los personajes sufren un tránsito interior del que solo vemos sus acciones. Todo lo demás- la violencia, la muerte, el gobierno militar- está retratado con colores brillantes, como se estuviera tratando de negar el sufrimiento secreto que atraviesa una época.

El diseño de arte es excelente. También la reconstrucción de aquella compleja década del setenta. Pero el hallazgo está sin dudas en el casting. Lorenzo Ferro se luce en su rol debut, aportando su cara fresca y su actuación sin prejuicios, libre de toda enseñanza. Es como un niño de la selva, virgen en el campo de lo actoral, y desde ese lugar el director lo plantó para sacarle lo mejor de sí.

Su protagonizado tiene sed de libertad, y sus crímenes vendrían a ser parte de ese anhelo de vivir a su aire, sin ataduras y tomando lo que le venga en gana: un amor, unos aros, un soplete, una vida.

Ferro está bien acompañado por el Chino Darín –en su mejor performance hasta el momento-, que compone a su secuaz de aventuras. Esa pareja al borde de la ley, al borde de lo gay, tan erótica, funciona a la perfección. Peter Lanzani, como el tercero en discordia, incluso hasta se transforma físicamente, redondeando un estupendo trabajo.

El elenco se completa con un enorme Daniel Fanego, Mercedes Morán, Luis Gnecco y Cecilia Roth.

Hay algo en el cine de Luis Ortega que desprecia ciertas poses de la clase media. La burla de algún modo, destacando sus miedos más secretos. El miedo de perder la propiedad privada, por ejemplo. El terror al ladrón, al otro, al que no tiene lo mismo. Sus héroes son marginales, pero marginales de este circuito estúpido del capitalismo. Artistas. Asesinos del sistema, sean Puch o no.