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Documental

Todo el año es Navidad

Por: Laura Ávila

Estupendo y divertido registro de uno de nuestros ritos más ridículos, emocionantes y capitalistas.

Néstor Frenkel se va superando a sí mismo. O mejor dicho, cada vez se conoce más y apunta mejor a la hora de exponernos su mirada.

Su cine, muy rico y observador, es uno de los pocos del país que se nutre del humor. Esto le concede un plus entre toda la camada de documentalistas nuevos.

Su gran tema son las construcciones sociales, cómo las personas se adaptan en un mundo que solo quiere relacionarlas a través del dinero y la expoliación. Pero su interés es darle a todo ese corpus un color local. Tiene gran fruición por los detalles al borde de cuadro, por el registro casi imperceptible de lo que ocurre afuera de un determinado rito, dándole a sus documentales un tono entre divertido y certero que anuncia que lo que nos rodea es una gran mentira.

En Todo el año es Navidad comienza recuperando una vieja cinta argentina de los 60, en donde un Papá Noel interpretado por Raúl Rossi desciende de los cielos al barrio. Continuando con ese tono entre bonachón y absurdo, con musiquita incluida, inicia el seguimiento en cadena de unos Papás Noeles hallados hoy en la ciudad, de esos que aparecen en Navidad en los locales comerciales.

Frenkel los entrevista en sus casas, los sigue por los shoppings y las calles, indaga en lo que hacen cuando no están trabajando de Santa Claus en las fiestas. Ese seguimiento, verdadero trabajo de campo, describe también el artificio de la Navidad, la patética sed de consumo que nos enferma, y las clases sociales, a veces opuestas, que atraviesan a esos personajes.

El resultado de lo que queda en pantalla no es agobiante. Hace pensar entre sonrisas. Expone las vidas de esa gente, nuestros vecinos, que hacen artesanías, pintan paredes o venden tornillos hasta que llega diciembre y salen, vestidos de rojo furioso, a prometernos nieve, Coca Cola y regalos.

Hay una búsqueda de creer en algo, hay disciplina, hay desencanto y hay arte en esos hombres.

Y también está plantado el tema de la omisión de la mujer como participante activa de la Navidad, a menos que se vista de Santa Sexy o que sea una duendecita ayudante. 

Una toma hermosa resume una postura, más allá de la mordacidad que se percibe en el relato fílmico: se trata de una cámara casi fija, que capta la visita de un Santa a una barriada. Los chicos corren hacia él, que está al fondo del plano, y lo abrazan llenos de alegría. Esos chicos no son rubios, ni ricos, ni siquiera se creen la Navidad. Pero en ese momento, la magia de la ternura de ese viejo que se deja la barba larga y se caga de calor por ellos los puede, y corren a recibir sus sonrisas.

Eso también es parte de las fiestas, de esta dudosa fiesta de ser humano y argentino. Recomendada.

Estreno en Buenos Aires: 1° de noviembre.