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Estrenos argentinos

Samurai

Por: Laura Ávila

Extrañados de nuestro paisaje, de la mano de un personaje exótico, es posible echar una mirada entretenida a nuestra épica nacional.

El festival de Mar del Plata tuvo a Samurai en competencia. En medio de tanto cine de todas partes del mundo, la belleza extraña de la película tal vez no fue percibida como se merecía.

Ahora tenemos la oportunidad de verla en nuestra ciudad y de apreciar la inquietud de su director, Gaspar Scheuer, por crear un cine épico y utilizar nuestra Historia como gran telón de fondo.

Se cuenta la vida de Takeo, un adolescente japonés del siglo XIX. Su familia vino a la Argentina en medio de la gran inmigración. Su padre busca un poco de paz luego de las matanzas sucedidas en Japón durante la batalla de Shiroyama, en donde el samurai Saigo Takamori se rebeló contra las injustas medidas del emperador.

Takeo y familia viven en una zona rural de la Argentina, rodeados de montañas que recuerdan al Fuji-san (gracias a la estupenda composición de cámara y a la fotografía de Jorge Crespo). Respetan sus tradiciones y honran al abuelo anciano. Ese abuelo era samurai: tiene una katana y el deseo, un poco senil, de reencontrarse con Saigo y recuperar el Japón para los antiguos guerreros. Parte de esa fiebre mítica se la trasplanta a su nieto. La leyenda de Saigo se alimenta con el rumor de que el guerrero escapó de Japón y está organizando un ejército de samurais en este, su exilio sudamericano.

El padre de Takeo prefiere integrarse lentamente a su nuevo entorno, ganándose el desprecio del abuelo y el desdén de su hijo, quien, luego de la muerte del viejo samurai, hereda la katana y emprende la mitológica búsqueda de Saigo por estas pampas.

Samurai propone un viaje por la vida cotidiana de ese momento histórico, esa florida confección de la nacionalidad propuesta por Mitre y su real contrapartida: los habitantes gauchos, sufridos y resentidos por el esplendor de una lejana Buenos Aires que importa mano de obra barata de los confines del mundo.

Pero la película no contiene mensajes políticos: se solaza en contar un relato impregnado de influencias japonesas, con un estilo y una dirección de actores muy nipona y muy lograda, que recuerda con placer al animé y al spaghetti western. El cruce de personajes míticos argentinos, como Poncho Negro, y las referencias a la guerra del Paraguay, aumentan el valor de lo que se narra: combinadas con los otros estilos, esas líneas secundarias les dan al argumento un sabor único.

El elenco principal está compuesto por un sensacional Alejandro Awada como Poncho Negro, Nicolás Nakayama como el joven y hermoso Takeo y el gran Jorge Takashima como el padre. Su trabajo, impecable, con el tono justo, agranda la película e integra la visión de las dos culturas que sobrevuelan el film: la Argentina interior y la cultura del honor de los hijos del sol naciente.

Samurai es pochoclera pero poética, divierte y hace pensar.

La música de Ezequiel Menalled es realmente atractiva: especie de fusión entre la baguala y la música tradicional japonesa, recorre las bellísimas secuencias de la película creando una atmósfera propia. El arte y el vestuario están muy cuidados y corresponden a Edna Fernández Chajud y Laura Donari y Violeta Gauvry, respectivamente.

Los actores de reparto, con sus caras especiales, tan lejos del estereotipo porteño, terminan de recrear una historia de la patria de los márgenes, aquella que se fundió con la de otros gauchos, llegados desde más allá del mar.

 

 

Estreno en Buenos Aires: 6 de junio.