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Estrenos argentinos

La inocencia

Por: Laura Ávila

Se estrena el documental de Eduardo de la Serna que despliega un crudo pero hermoso mapa de la niñez.

No hay nada más difícil para un documentalista que pasar desapercibido. Se requiere un largo trabajo de campo, de aclimatación de los retratados para acostumbrarse a la cámara y resolverse a vivir sin que les importe estar siendo recopilados por el ojo del camarógrafo.

Aquel cineasta que lo logra, ya tiene un material posiblemente bueno entre manos. Y si a eso le suma un recorte sensible de la realidad, y un montaje hecho con amor, con espíritu de artesano, estaremos sin duda ante una buena película.

Este es el rotundo caso de "La inocencia", largometraje de Eduardo de la Serna que se dedica a observar la vida de dos nenas. Una vive en Capital y se llama Morena. La otra vive en San Juan y se llama Gabi.

Las dos tienen seis años. Las dos empiezan el colegio primario. Pero Morena irá a una escuela privada y Gabi irá a una pública y rural.

La película avanza durante los meses de escuela. Atraviesa un ciclo de estaciones y de climas, que muchas veces son los interiores de las pequeñas protagonistas.

Así, el director (también guionista y productor del proyecto) se va moviendo en un lento cauce en donde navegan vivencias mínimas, risas perdidas, conductas que van siendo aprehendidas, rigores, dolores del crecer.

El hilo del que se fía el director es tan delgado, que le ha quedado una película elegante, delicada, que confía en los planos  que ha conseguido metiendo literalmente la cámara entre los niños, compartiendo sus pupitres, mirándolos a los ojos. El resultado impresiona, pone la piel de gallina. Porque nos remite a nuestra propia infancia, nos advierte que no era para nada un panorama feliz.

Y nos lanza directo al cuore estas preguntas: ¿para qué sirve la escuela? ¿En qué momento exacto se inicia una construcción del género? ¿Por qué educamos mediante la competencia y la violencia?

Las nenas se parecen mucho entre ellas. Es como si alguien hubiera roto un espejo en dos, en alguna parte del país, y estas partes idénticas reflejaran otras realidades que terminan moldeándolas distintas.

Este es un cine de la paciencia y la poesía, del gesto breve, de la exploración. Morena y Gabi son inteligentes y aprenden, absorben como esponjas toda la compleja sociedad que las rodea. Y está la ciudad enajenante con una educación premium, y está el campo con pocas certezas escolares, pero con una llanura brava para correr y jugar con los amigos. Está el llanto de odio por estar siendo educado, mutilado en la buena fe.  Y está la alegría sin límites ante un disfraz de princesa, un puñado de burbujas de jabón.

Se muestra ese mundo de crueles peleítas de la infancia, esos sentimientos que todavía son difíciles de sujetar, de esconder bajo un manto de hipocresía. Es un retoño de lo terrible que es el mundo adulto. Pero el director logró retratar, en medio de un mapa de desigualdades, una raíz de candor. Y por eso recomendamos este film. 

Estreno en Buenos Aires: jueves 14 de julio.