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Cantina italiana

María Fedele

Por: Luis Enrique Medina

Un dato invaluable, la posibilidad de experimentar el descubrimiento de reductos  que nos llenarán de placer por mucho tiempo.

Un llamado de un buen amigo, la invitación a cenar a un lugar nuevo, y esta bendita ciudad que muestra su costado más encantador, detrás de una pequeña puerta que conduce al paraíso.

Eso es María Fedele, un sencillo espacio por el cual defender más aún nuestro sentido de pertenencia de identidad porteña.

Luego de los aportes que hiciera a la ciudad (que atravesaba la epidemia de fiebre amarilla en 1870) la colectividad  italiana, ésta dispuso, en 1877, la construcción de una Asociación en la calle Alsina 1465.

La mantiene hasta hoy, siempre bajo el nombre de Associazione di Mutuo Soccorso e Cultura Nazionale Italiana. O simplemente la Nazionale Italiana, como se la conoce, uno de los palacios de los que la ciudad se enorgullece.

Allí, por una austera puerta lateral del salón de entrada, se ingresa a uno de los sitios gastronómicos más interesantes de la ciudad.

La tradición italiana se mantiene a ultranza, una cantina de grandes salones, mozos con amplias sonrisas para un multitudinario público que visita el lugar, en medio de pizarras con la lista de vinos, jamones que cuelgan, cantantes de ópera que deleitan con clásicos del género…

El resto es esperar que la magia ocurra, no hay carta o menú, es esperar que los mozos traigan la comida. Pocas veces se ve tal abundancia, el constante devenir de platos va tapando el mantel.

La costumbre marca cuatro pasos, entradas, pasta, carnes y postre: son entre 15 y 18 platos los que comprenden la variedad de entradas que llegan a esta mesa.

Hay quesos pecorinno, parmesano, frescas burratas, queso de cabra, bandejas de abundante prosccuto, mortadela con pistachos, salame, ajíes rellenos, sopresatta, polenta con bolognesa, sartén con huevos fritos con scamorza o nduja, tortillas, chorizos a la pomarola, berenjenas asadas, champiñones a la provenzal, achicoria salteada, chambota, caprese, aceitunas con anchoas, corazones de alcauciles y más.

Después aparecen las pastas como inclaudicables reinas, versión rellenas o fideos de diversas variedades con distintas salsas. Una especialidad son los torteletis rellenos borraja y otras maravillas como agnelottis, lasagna, caramelli o los gigantes raviolones.

Luego, las carnes con guarniciones. Pueden ser dos tipos de combinaciones entre pollo, bondiola, ossobuco, milanesa a la napolitana, bife de chorizo o lomo, que pueden ir acompañados con: risotto, milhojas de papa, puré de batata y papa, zanahoria glaseada, papa rústica y cebolla.

Cuando todo el cuerpo cree estallar, aparecen las bandejas de postres con variedades de tiramisú, marquise de chocolate, crumble de manzana, babá napolitano, peras al vino tinto y crema, canolli, sfogliatella y ahí aparece el SAME a preguntar si necesitás algo.

Ojo: puede traicionarlos la voz materna de la infancia “¡comete todo!” y eso es fatal. Sólo piensen en probar, porque puede que un buen momento se transforme en una noche algo pesada… Los mozos aseguran que no se ha sentado nadie que haya podido con todo.

Lo más importante, es que no es caro.

María Fedele.

Alsina 1465. ristorantemariafedele.com